A primera impresión puede parecer insólito que una coalición de gobierno que en 20 años ha hecho de Chile el país con menor tasa de pobreza de América Latina (del 42% de 1989 al 13,2% de hoy) y casi triplicado su renta per cápita haya perdido las elecciones frente a un empresario dueño de una fortuna de 1.200 millones de dólares.

Las claves de la victoria de Piñera son más fáciles de entender dentro de un contexto regional marcado por una creciente convergencia de las agendas políticas de la izquierda y la derecha para generar estabilidad macroeconómica en un marco de mayor justicia social, un consenso que solo se altera en ciertos matices por los cambios de gobierno.

El analista chileno Patricio Navia, profesor de la Universidad de Nueva York, sostiene: “Los chilenos han decidido cambiar el piloto, no la trayectoria del vuelo [...] Chile quería ver nuevas caras”.

Cuando el candidato de la Concertación, el ex presidente Eduardo Frei (48,3%), quiso utilizar la riqueza de Piñera con un anuncio descalificador, el argumento no hizo mella en el electorado. La campaña de Piñera tuvo su mayor mérito al mitigar los temores de la clase media, comprometiéndose a mantener las políticas sociales de la Concertación.

El voto chileno tuvo mucho de protesta contra los partidos oficialistas, que se negaron a convocar elecciones primarias para elegir a sus candidatos al Congreso, lo que originó la disidencia de Marco Enríquez-Ominami, cuya candidatura independiente, al obtener el 20% de los votos en la primera vuelta, selló el destino de la Concertación.

Piñera tendrá un margen de maniobra limitado. La Coalición por el Cambio podría reunir una mayoría en la Cámara Baja, donde tiene 58 de los 120 escaños, por medio de una alianza con el pequeño Partido Regionalista de los Independientes, pero la Concertación tiene 19 de los 38 escaños del Senado, tres más que la Coalición por el Cambio.

El gran desafío para Piñera será preservar la cohesión en su coalición mientras trata de sacar adelante el gobierno de unidad nacional que ha prometido.

En Chile el presidente controla la agenda legislativa y elige a las autoridades regionales, pero Piñera se verá muy presionado por los de la Unión Democrática Independiente (UDI), el partido más conservador de la coalición, para que otorgue a sus miembros puestos en el gabinete proporcionados con su presencia en el Congreso, donde logró 37 de los 58 escaños de la coalición.

A pesar de que el sistema electoral binominal chileno favorece a las coaliciones, muchos analistas creen que los días de la Concertación han terminado porque difícilmente podrá evitar las luchas internas y las recriminaciones mutuas. Como recordó cínicamente en una ocasión el ex primer ministro italiano Giulio Andreotti, “nada desgasta más que el no ejercicio del poder”.

 INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR” (ESPAÑA)

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