No dejemos que el consumismo, la fantasía y el materialismo nos impidan conocer el verdadero Misterio.

A veces cubrimos la Navidad, con una serie de velos que nos dejan ver el verdadero Misterio. Todos sabemos de qué velos hablamos: el consumismo, la fantasía, el materialismo egoísta, la fiesta pagana que sólo busca el jolgorio y el disfrute momentáneo con la excusa que estamos en una sociedad tremendamente materialista, que no le importa lo espiritual en lo más mínimo, si esto no le reporta una emoción, una diversión, o un motivo para celebrar un acontecimiento puntual.
Y ese tremendo velo hace imposible que descubramos la verdad de la Navidad, fiesta cristiana, acontecimiento vivo que nos hace presente al Cristo real, no en una figura simpática de barro, sino en la Palabra viva, en la Eucaristía, en el prójimo, en la vida misma. Y los cristianos debemos decidirnos de una vez a desvelar la Navidad, a poner de manifiesto el Misterio de Dios Encarnado, hecho hombre real, viviendo entre la pobreza, el trabajo, la miseriahumana, el dolor, la familia, los niños y la cruz de cada día…
Ruego a Dios que nos conceda el milagro de la paz.
Este es el milagro que todos estamos necesitando. Mientras no haya paz Jesús no puede nacer tranquilo, y nosotros no podemos celebrar la Navidad sinceramente. Ruego a Dios que nos conceda el milagro de la paz, de esa paz que en ocasiones parece inalcanzable: la paz en los corazones, en las familias y entre los pueblos…
Es en este tiempo, donde nos sensibilizamos y abrimos nuestros corazones para ver realidades con las que convivimos a diario, pero que con el incesante trajín no nos golpean o si lo hacen, nuestras ocupaciones y preocupaciones que pegan más fuerte se encargan de acallarlas.
Dijo en una oportunidad Albert Einstein: “hay solo dosmaneras de vivir a vida. La primera es actuar como si nada de lo que ocurre fuera milagroso. La segunda, como si todo lo fuera.
Hace más de dos mil años, en un pequeño portal de una ciudad llamada Belén, una familia estaba a punto de vivir un hecho que cambiaría sus vidas para siempre: el Nacimiento de su Hijo. Pero lo que ninguno podría llegar a imaginar es que este Nacimiento sería conocido por todo el mundo y que desde entonces nada volvería a ser igual. Hoy, 2010 años después, aun celebramos este Nacimiento: es el Milagro de la Navidad. Es el momento de pensar en los demás y entregarnos a ello.
Cuando la noche cae y entramos en un sueño profundo, sin embargo, entrada la luz de un nuevo día abres tus ojos y te encuentras con que otra vez estás vivo. ¡Un verdadero milagro de tu Dios que tendrías que agradecer profundamente cada día! Este es el tipo de milagros que muchas veces das por hecho, sin detenerte a pensar que cada día que Dios te permite estar vivo, es porque la misión que tienepara ti debe seguir siendo buscada, descubierta y asumida. Todos los días están llenos de milagros: tu fe, tu familia, tu vocación, tu trabajo, tu tarea en la vida. Son esos milagros que forman parte del collar de tu rutina diaria y que marcan la diferencia entre una vida con sentido y una vida superficial, es por eso que todos los días debe de producirse y vivir en el Milagro de Navidad. Es Navidad, empecemos con perdonarnos y amar a tu prójimo, quizás más que a ti mismo.
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