Indios contra indios
Sun, April 11, 2010 at 11:36 am
Tal fue en realidad el secreto de la rápida conquista del Tahuantinsuyu; porque las guerras de la penetración castellana eran, esencialmente, sanguinarias campañas de unas confederaciones tribales contra otras. Atroz contienda entre indios; guerras civiles que los españoles aprovecharon hábilmente y sin escrúpulos. Anarquía política que supieron reforzar a través del atizamiento del espíritu levantisco de numerosos régulos indígenas contra el orden imperial incaico. Cientos de miles de indios cayeron combatiendo entre sí. Como todo Imperio, el forjado por los Incas fue un Estado constituido por diversas "nacionalidades" . Vastos señoríos separados a menudo por diferentes lenguas, dioses, costumbres, artes y tradiciones. Eran federaciones cuyas altivas aristocracias, vencidas poco tiempo atrás por los Incas, apenas si habían permanecido hasta entonces sujetas mediante la férrea autoridad imperial y las guarniciones incas. No mucho antes de la llegada de los españoles, varias de esas federaciones aborígenes se habían rebelado contra el Cuzco, dirigidas por sus aristocracias tradicionales, que a veces eran más antiguas que la nobleza imperial.

La verdad es que no existía sentimiento nacional en ese océano social de casi seiscientas lenguas y dialectos, con miles de ídolos rivales, que se extendía desde Pasto hasta Arauco. Los formidables caminos y la imposición del quechua como segunda lengua a ciertos grupos superiores no bastaron para dar unidad a tantas colectividades en un corto lapso histórico. Los curacas sometidos por los Incas no vacilaron en dar su decidida adhesión a "los cristianos" recién venidos que les ofrecían autonomía local, fingiéndose dioses, entre corceles y temibles disparos que apuntaban sobre el trono de los Incas. Por eso numerosos caciques vieron en los españoles no a los conquistadores que en realidad eran, sino a libertadores, tal como se presentaban. Como redentores, esos españoles se ganaron desde un inicio a los jefes de las pujantes confederaciones tallanes, chachapoyas, cañaris, huancas y collas; también a los chimúes. Otras tribus no incas quedaron neutrales, sin saber bien qué hacer en tan imprevista situación.
La Conquista Española tomó así forma de insurrecciones regionales contra la nación inca de Cuzco y Quito y de otros poderosos núcleos creados por los cuzqueños; tal sucedió sencillamente porque el Imperio se hallaba apenas incaizado. No existía, repetimos, conciencia nacional, ni podía haberla entre pueblos tan distintos, que sólo el esfuerzo incaico unió en medio siglo de continuo batallar. El enorme imperio se desintegró, pues, con relativa rapidez ante el ataque español porque hubo muchísimas "patrias" debajo de la aristocracia guerrera incaica. El de los Incas, como todo Imperio, contenía en su seno innumerables naciones, y, lo que fue peor, mal soldadas, apenas unidas en un breve período de sujeción imperial: setenta años, en promedio.
Por eso, si bien el Cuzco y los cuzqueños fueron un modelo de combatividad y resistencia por varios años, y contra miles de conquistadores que fueron llegando, el Imperio en cambio fue "un coloso con pies de barro".
Es el propio Garcilaso quien reconoce esa debilidad estructural del Estado que crearon sus bisabuelos, la debilidad de haber sido un Imperio constituido "por tanta variedad de naciones diversas y contrarias". Cieza de León ahondó, asimismo, en el estudio de esas naciones aborígenes de esas "patrias" nativas, como él las calificó. Obviamente, la cohesión imperial incaica habría sido muy superior un siglo después, por fijar un tope. Los españoles habrían encontrado un Imperio mucho más cuzqueñizado, bastante más incaizado. La resistencia en este caso hipotético habría sido mucho mayor. Pero no ocurrió así. En 1532 casi únicamente luchó el Cuzco, creador del Imperio.
Cabe reconocer que los estudios históricos no ayudan en el Perú a ver las cosas con claridad, ni siquiera los que se efectúan en las universidades. Sobre todo porque estamos acostumbrados a pensar en términos de indios y no de huancas, cañaris, chimúes, tallanes, chinchas, aimaras, huailas y decenas de naciones más; quizás doscientas. Y esto confunde terriblemente los conceptos, porque "indio" no sólo es término extranjero y equívoco cuando se aplica al incari, sino también errado por igualar lo disparejo: es óvaya una comparaciónó como llamar blancos a todos los europeos, sin apreciar sus diferencias y rivalidades tan profundas.
Por: Juan José Vega
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