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TARDARON 43 AÑOS PARA SER ENTREGADOS...
Tardaron 43 años en ser entregadas, pero finalmente llegaron. Son cuatro cartas, escritas en el frente, en Vietnam, el testimonio personal e íntimo de un joven soldado asustado, desencantado por los horrores de la
guerra, días antes de morir. El sargento Steve Flaherty murió en combate en 1969. Los soldados vietnamitas se llevaron sus enseres y, entre ellos, sus misivas no enviadas. Durante una visita, el mes pasado, a Vietnam, el secretario de Defensa Leon Panetta las recibió de manos del Gobierno de aquel país, y las trajo personalmente a EE UU, donde le fueron entregadas a los familiares aun vivos del sargento. Ahora se exhibirán en un museo de Carolina del Sur.
A una familia de amigos y vecinos, los Wyatt, el sargento les decía, a horas de morir: “Ésta es una guerra sucia y cruel, pero estoy seguro de que la ciudadanía entenderá el propósito de ella, a pesar de que muchos de nosotros tal vez no estemos de acuerdo con esto”. A una amiga llamada Betty Buchannan, le relata el sufrimiento de la guerra: “Hemos entablado una lucha terrible con el ejército de Vietnam del Norte. Hemos registrado muchas bajas y muchas muertes. Han sido unos días duros para mí y para mis hombres. Hemos cargado con una cantidad de cuerpos de hombres muertos y heridos que jamás podré olvidar... Sentí cómo me atravesaban las balas. Nunca he estado tan asustado en toda mi vida. Bueno, será mejor que deje de escribir antes de que regresemos a tomar esa colina”.
Flaherty murió. Daba su vida un joven entregado a su patria. Había nacido en Japón, en los años 50, de padre norteamericano y madre japonesa. Fue abandonado en un orfanato, y el soldado Ronald Flaherty, destinado a aquel país, convenció a sus propios padres de que le adoptaran, algo a lo que estos accedieron. El pequeño Steve llegó a Carolina del Sur a la edad de nueve años. Vivió una vida plenamente americana: instituto, béisbol, universidad... Se alistó en el Ejército en 1967, para morir sólo dos años después, en el valle A Shau, a los 22 años.
Las cartas confiscadas, repletas de miedo y frustración, fueron un gran hallazgo para los soldados vietnamitas. Se leían en inglés en emisoras como Radio Hanoi, para que los soldados norteamericanos tuvieran constancia de las dudas de uno de los suyos, y para hundirles la moral. Un antiguo experto del Pentágono en prisioneros de guerra y desaparecidos en combate, Robert Destate, vio mención de las cartas en un revista vietnamita en 2011, y notificó a la familia de ello, para que realizaran una petición formal a través de los pertinentes canales diplomáticos. Finalmente, las misivas le fueron entregadas a la familia el 16 de julio.
Esta ha sido la primera ocasión en que Vietnam y EE UU se han intercambiado artefactos de guerra, reliquias de una guerra para muchos tan olvidada como injusta. Según un recuento oficial del Pentágono, 58.193 soldados de EE UU murieron en aquella guerra.
Por: David Alandete, El País
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