Ferrocarril central 100 años recorriendo los andes
Wed, October 1, 2008 at 2:01 pm
Todos celebraron la llegada del tren. En Huancayo se homenajeó a este gigante de hierro que en su recorrido llega hasta Ticlio, que está a 4.835 msnm. Este ferrocarril, que empezó a caminar en 1908, puede transportar a 400 personas en ocho vagones de asientos reclinables.
Los pasajeros están aquí, en medio de la fiesta, en la Estación Central de Huancayo, para celebrar el cumpleaños de un viejo que está hecho de hierro. Están aquí, mirando cómo los danzantes rompen el suelo, pero 14 horas antes, los hombres y mujeres que ahora bajan por las angostas puertas del tren, subían en él confiados en vivir la experiencia de sus vidas. No era para menos: el 24 de setiembre de este año el Ferrocarril Central del Perú cumplía 100 años y solo algunos tenían la dicha de recorrer -en cualquiera de sus ocho vagones- los 535 kilómetros de rieles asentados entre apus que superan los 4,800 metros sobre el nivel del mar.
Excitados por la naturaleza del acontecimiento, esta tripulación encabezada por el embajador de Polonia, Przemyslaw Marzec; la presidenta del patronato del Ferrocarril Central, Elizabeth Ventura; el alcalde de Huancayo, Freddy Arana; el gerente de Ferrovías Central, Jaime Blanco y el congresista Luis Miro Ruiz, viajaban desde Lima a Jauja.
El tren avanzaba a una velocidad de 20 km/h. Todos los viajeros saludaban a la gente de a pie, a los pobladores de las riberas del río Rímac que se maravillan cada vez que este gigante de hierro alumbra el camino de rieles. Más tarde harían lo mismo los moradores de las riberas del Mantaro.
"Marcó un hito la llegada del ferrocarril en 1908 al Valle del Mantaro. Tanto para transportar pasajeros como para trasladar carga, este tren ya es parte del imaginario peruano", asegura el historiador Elio Galessio, quien lleva más de tres décadas investigando sobre estos monstruos de las ferrovías. En efecto, el Ferrocarril Central Andino ha beneficiado durante 100 años a todos los poblados y provincias aledañas a sus rieles.
Por eso en las cinco veces que detuvo el tren su recorrido desde Lima a Huancayo, no faltaron los actos ceremoniales. Todos los poblados se rendían ante esta maravilla que, aún con 100 años, continúa beneficiando a los peruanos del Ande.
La primera parada fue en el distrito de San Bartolomé, en la sierra de Lima. Ahí, las autoridades lugareñas brindaron con bebidas de tuna la llegada del tren y felicitaron al embajador Przemyslaw Marzec, pues un paisano suyo, el polaco Ernesto Malinoswki, fue responsable del trazado del Ferrocarril Central en el siglo XVIII, bajo las órdenes del injustamente olvidado ingeniero Enrique Meiggs, el verdadero artífice de esta proeza de la ingeniería.
Magna celebración
La siguiente parada fue en La Oroya, luego en Jauja y Concepción. En esta última provincia de Junín sobraron los panes serranos y los dulces de calabaza. Al reconocer al congresista Miro Ruiz, los pobladores no dudaron en tomarle el pelo: "Guarden a sus perros porque llegó el mataperros", se burlaban del parlamentario que dio muerte a un can a balazos.
Todos reían felices por la llegada del tren. Y es que cuando sienten la bocina de esta mole de hierro, la tristeza se posterga. Se olvida.
Pero la fiesta central fue en Huancayo, en la última parada del tren. Ahí, la comitiva liderada por el polaco Przemyslaw Marzec resaltó, frente a un auditorio de más de quinientas personas, las virtudes del Ferrocarril Central Andino: "Puede albergar 400 personas, en ocho vagones. Cuatro de ellos son turísticos y los restantes son tradicionales. Pero lo más importante es que une al Perú, y además es un medio de transporte histórico en donde se emplearon casi 10 mil hombres para su construcción", expresaba Przemyslaw Marzec .
Políticos y huancaínos bailaron al compás del huaylas y luego develaron dos bustos: uno del polaco Ernesto Malinoswki y otro de un obrero desconocido que murió en 1870, en la construcción del ferrocarril. Todos aplaudían en la estación del tren de Huancayo, frente a las dos esfinges que inmortalizan la unión de dos continentes.
Recordaban así los trabajos de construcción del Ferrocarril Central que comenzaron el primero de enero de 1870. En esa fecha se colocó la primera piedra en la estación de Montserrate, bajo la dirección del ingeniero Ernesto Malinowski, jefe del Cuerpo Técnico. Fue una ceremonia especial donde el presidente José Balta tiró el 'Palacio por la ventana', al dar un banquete para ochocientos invitados, encabezados por el ingeniero Enrique Meiggs. El mandatario utilizó entonces un martillo de plata para romper la botella de champán francés. Tanto tiempo ha pasado y el tren continúa en su andar. Nada ni nadie detiene al gigante.
El tren más alto de América
El Ferrocarril Central es el único en la región que alcanza una altura superior a los 4.500 msnm. El punto ferroviario más alto se halla en el ramal que va desde Ticlio hasta el asiento minero Morococha (4.835 msnm). Recientemente, el ferrocarril Qinghai, en el Tíbet, lo superó en altura: 5.072 msnm.
Para alcanzar su altura máxima, el Ferrocarril Central atraviesa 62 puentes, 69 túneles y seis tramos en zigzag. Además cuenta con 30 estaciones que se inician sobre los 3 msnm, se elevan hasta los 4.781 msnm y finalizan a 3.261 msnm, en la estación de El Tambo, en Huancayo.
El ferrocarril ha tenido varias locomotoras durante estos 100 años. Las primeras llegaron en 1870 y eran de origen estadounidense. Casi todas de marca Rogers y unas cuantas Danforth.
El contrato de ampliación del Ferrocarril Central obligaba al Estado Peruano a pagar 27 millones de pesos por la obra culminada. El contrato se firmó mediante escritura pública el 23 de diciembre de 1869.
Cuando Meiggs asume este reto el gobierno peruano contrató a más de diez mil obreros, entre ellos cinco mil migrantes chinos, conocidos como culis, que fueron transportados desde Macao. La otra mitad estaba conformada por peruanos y chilenos. El trabajo fue toda una proeza, la maquinaria y equipos fueron importados de Europa y EEUU.
Alfredo Pomareda , La República
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