Jaime el travieso se pasa de listo
Fri, September 26, 2008 at 1:55 pm
El espectáculo surrealista que hemos presenciado recientemente con el caso Jaime Bayly versus Mega TV pudiera ser un plato atractivo en el limitado menú que ofrece la televisión local. Sin embargo, lo que parece ser una serie por capítulos que apela a las relaciones íntimas entre el presentador y la empresa para la que trabaja tiene una dimensión que no se puede pasar por alto en los vericuetos del cotilleo.
Lo que comenzó con la queja, entre jocosa y ácida, del novelista y presentador, acerca de la fría temperatura del estudio donde trabaja noche a noche, mencionando por sus nombres al dueño de Mega, Raúl Alarcón, hijo, y a la gerente del canal, Cynthia Hudson, fue escalando hacia una pugna al ser amonestado por revelar interioridades y señalar que no se amilanaba ante Chávez ni Fidel, y tampoco ante Alarcón (lo que fue interpretado como una vejatoria comparación entre los tres). Cuando Bayly volvió a usar las cámaras de su programa para quejarse del incumplimiento de un aumento prometido, mientras hablaba, fue sacado abruptamente del aire en un gesto injustificado de
censura.
Es muy posible que fuera Alarcón y no Hudson quien mandara a cortar el programa, pero la gerente sacó la cara estoicamente por su jefe y, en una acción incomprensible, apareció como entrevistada en el mismo programa que los expuso como injustos patrones. En un diálogo ionesquiano con visos cantinflescos, Bayly y Hudson reiteraban para atrás y para adelante un pacto de no agresión tal vez sellado antes de salir a escena.
El novelista peruano había usado su espacio televisivo para leer y poner en pantalla una de sus columnas dominicales en El Nuevo Herald que trataba con detalles acerca de cómo la farmacopea le ''hacía impotente'' y que había sido rechazada por el diario, calificando el hecho como censura. El pasado domingo, en su columna de ENH titulada La censura, el escritor con fama de polémico se califica de abanderado de la ''libertad'' y se vanagloria de que Hudson le pidiera disculpas.
El planteamiento que simula un caso de David contra Goliath puede sumarle acólitos a Bayly, pero esa imagen se desmorona si se conocen bien los hechos, sobre todo cuando en un país democrático se ventilan las quejas con fundamento ante una corte y no ante una cámara y violando la cláusula de confidencialidad con la estación de
televisión.
Es importante e imprescindible que un periodista defienda la libertad de expresión, pero hay que distinguir entre la demagogia de quienes aparentan ser víctimas cuando se trata de manipuladores de la opinión pública. Pese a los reclamos de justa rebeldía de Bayly se nota una conducta irresponsable y poco seria de alguien acostumbrado a salirse con la suya.
Esta semana, volvió a arremeter contra Mega y su colega María Elvira Salazar porque ésta entrevistó a Laura Bzozo en su programa. Tras sospechar una conspiración para traer a su coterránea a la estación, Bayly, quien ha dedicado meses de su programa para atacar a Laura de manera furibunda, advirtió a la gerencia que si ella entraba en Mega, él salía.
La actitud arrogante del presentador pone de manifiesto la invulnerabilidad de ciertas figuras y el doble estándar que aplican algunas empresas a sus empleados. Esta polémica es la consecuencia de la impunidad que disfrutan algunas figuras públicas amparándose en los ratings y los anunciantes que son los verdaderos amos de los medios.•
Norma Niurka, El Nuevo Herald
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