Este próximo 5 de junio tendremos elecciones presidenciales de segunda vuelta en el Perú, elegiremos a nuestro próximo gobernante entre los candidatos Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Ha sido pues una campaña altamente mediática, poco ideologizada y fundamentalmente personalizada. En el mejor sentido de la expresión, los partidarios de ambas postulaciones se han sacado y siguen sacándose “todos los trapitos sucios”.

Ollanta Humala, un hombre polémico, que fue candidato presidencial perdedor en una contienda anterior es un nacionalista, con una visión indigenista, autoritaria de la política. Ha ganado adeptos en los sectores más pobres y se ha ganado el odio de los sectores conservadores de la sociedad peruana asentada especialmente en Lima. A Humala se le vincula también con la izquierda del continente, pero su discurso ha ido tomando el curso que le señalan las encuestas, para poder mantener una posición ventajosa en esta contienda electoral.

Keiko Fujimori fue Congresista, pero su mérito mayor es ser la hija del ex presidente Alberto Fujimori, quien guarda prisión acusado por la comisión de múltiples delitos contra la democracia y la institucionalidad, incluyendo la abolición del Congreso en 1992, aunque este último contó con la aprobación del mas del 80% de los peruanos en su momento, se le acusa también de haber puesto en marcha un plan de control del país por la fuerza y el chantaje bajo el asesoramiento de Vladimiro Montesinos, quien también guarda prisión.

Hay que poner mucha atención a lo que está ocurriendo electoralmente en Perú. El ascenso al poder de Humala o de Keiko se considera, por parte de ambos bandos, una seria amenaza a la institucionalidad y al progreso del país. Contra Humala hay muchas dudas sobre su seriedad democrática, y con Fujimori existen el temor de que su padre volvería al poder. Por lo menos eso se comenta.

El escritor Mario Vargas Llosa, que fue candidato presidencial y perdió una elección frente a Alberto Fujimori, ha dicho que el candidato Humala es una opción más viable y saludable para el Perú y ha denunciado una campaña mediática de miedo contra él por parte de los principales medios de comunicación del país. "No quiero que mi país vuelva a tener una dictadura dañina, tan perjudicial que hizo estragos en el Perú. No solo por los desaparecidos, los muertos, los torturados, sino por las terribles secuelas que deja la dictadura", dijo el premio Novel de Literatura.

Es cierto que a Keiko Fujimori no se le puede cargar la responsabilidad por los hechos de su padre como presidente, pero en el gobierno fujimorista ella actuó como primera dama y se supone estuvo siempre en atención a los temas planteados por su padre. Tal vez no sea posible que si ella gana la presidencia el Perú vuelva a ser gobernado con los mismos métodos que lo hizo su padre Alberto Fujimori. Pero no deja de preocupar.

De todos modos, se trata de una elección democrática y las principales encuestas le dan una leve ventaja a Keiko sobre Humala de dos y tres puntos. La demografía del territorio peruano es amplia, y está concebido casi por tradición que quien gana las elecciones presidenciales no necesariamente gana con el voto de Lima la capital, donde precisamente se concentra la mayor “campaña del miedo”.

Las campañas mediáticas son peligrosas. No ayudan a la transparencia y a la decisión correcta, según el parecer de cada quien. Cuando se vota por miedo por alguien, se vota contra quien genera el miedo, no a favor de un candidato o su propuesta. Si bien es cierto esta campaña ha sido la más polarizada y de miedo como ya lo hemos dicho pero también ha despertado más atención e interés en los peruanos dentro y fuera del país. Por ello es importante acudir a las urnas este 5 de junio a votar por el candidato que menos miedo nos haya inspirado.

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