Ls Virreyna del Perú

Historia, vida y guerra de Ana Francisca Hermenegilda de Borja Centelles Doria y Colonna en tierras peruanas...


Sabemos muy poco de la época virreinal o del reino del Perú. Los mandatarios que pasaron por el sillón de Pizarro fueron 40 oficialmente, pero una historia que nos cuenta que hubo más. Desde 1544 hasta 1824 las disputas por el poder del Perú fueron grandes, no se relata de los ‘golpes de Estado’ o de las humillaciones públicas, menos de los extranjeros (no españoles) que gobernaron estas tierras, por primera vez en la historia tuvo la rienda de todo este territorio.

Su nombre fue Ana Francisca Hermenegilda de Borja Centelles Doria y Colonna, hija de Don Francisco Diego Pascual de Borja y Aragón y Centelles, VIII Duque de Gandía y de Doña Artemisa María Ana Teresa Gertrudis Princesa de Doria de Melfi. La joven Ana Francisca se casó por segunda vez en 1664 con su primo Pedro Antonio Fernández de Castro Andrade y Portugal, VIII Conde de Villalba, X Conde de Lemos, VII Marqués de Sarria. Aunque al llegar al Perú se le conoció con el nombre más corto y de fácil recordación, ‘Conde de Lemos’.

Pedro Antonio Fernández de Castro, fue designado como virrey por la ‘reina regente’ Mariana de Austria. Él y su esposa llegaron al puerto del Callao en 1667. Cuentan las crónicas de la época que fueron recibidos entre una gran algarabía por parte de los españoles, colonos y criollos. Sin embargo nada hacía presagiar al matrimonio que algo escondía tanta pomposidad.

El conde de Lemos se dio con la sorpresa que varios problemas aquejaban a el Perú y Lima. Conflictos económicos, territoriales y sociales abundaban en el nuevo reino. Principalmente la provincia de Puno donde había levantado una rebelión. El 7 de junio de 1668 el propio virrey junto a un numeroso ejército realista fue a enfrentar a la insurrección con mano de hierro.

Aunque tenía otro problema, si marchaba a Islay Arequipa y Puno, las zonas rebeldes ¿Cómo dejaría el mando den la capital? Recordemos que recién había llegado al Perú y no tenía confianza en muchos de los encargados. Optó por dejar el mando a una persona de su entera confianza y de sangre noble, su esposa, ella cumplía los requisitos indispensables para sentarse en el sillón de Palacio de Gobierno.

Fue así que a pesar de todas los cuchicheos y críticas de la cuidad limeña, el conde de Lemos recurrió a una Cédula real para dejar como virreina de Lima a Ana Francisca.

Cédula Real

Era un documento expedido por el propio rey de España, donde daba ciertos poderes, como: derechos, creaciones de instituciones, o encargaturas de confianza. Así mismo, servía como una última palabra ante reclamos y casos jurídicos que la justicia española no podía resolver.

En la historia hay tres casos notables en que se usaron este tipo de cédulas. La primera, en 1500, cuando la reina Isabel II devolvió a los indígenas recluidos en España a su tierra natal. En 1608 el rey Felipe III, ordena bajo esta premisa la captura de indígenas rebeldes a la corona española y someterlos como esclavos. Y la de 1789 que autoriza el libre comercio de negros.

La virreina del Perú

Sabemos muy poco de la época virreinal o del reino del Perú. Los mandatarios que pasaron por el sillón de Pizarro fueron 40 oficialmente, pero una historia que nos cuenta que hubo más. Desde 1544 hasta 1824 las disputas por el poder del Perú fueron grandes, no se relata de los ‘golpes de Estado’ o de las humillaciones públicas, menos de los extranjeros (no españoles) que gobernaron estas tierras, por primera vez en la historia tuvo la rienda de todo este territorio.

Su nombre fue Ana Francisca Hermenegilda de Borja Centelles Doria y Colonna, hija de Don Francisco Diego Pascual de Borja y Aragón y Centelles, VIII Duque de Gandía y de Doña Artemisa María Ana Teresa Gertrudis Princesa de Doria de Melfi. La joven Ana Francisca se casó por segunda vez en 1664 con su primo Pedro Antonio Fernández de Castro Andrade y Portugal, VIII Conde de Villalba, X Conde de Lemos, VII Marqués de Sarria. Aunque al llegar al Perú se le conoció con el nombre más corto y de fácil recordación, ‘Conde de Lemos’.

Pedro Antonio Fernández de Castro, fue designado como virrey por la ‘reina regente’ Mariana de Austria. Él y su esposa llegaron al puerto del Callao en 1667. Cuentan las crónicas de la época que fueron recibidos entre una gran algarabía por parte de los españoles, colonos y criollos. Sin embargo nada hacía presagiar al matrimonio que algo escondía tanta pomposidad.

El conde de Lemos se dio con la sorpresa que varios problemas aquejaban a el Perú y Lima. Conflictos económicos, territoriales y sociales abundaban en el nuevo reino. Principalmente la provincia de Puno donde había levantado una rebelión. El 7 de junio de 1668 el propio virrey junto a un numeroso ejército realista fue a enfrentar a la insurrección con mano de hierro.

Aunque tenía otro problema, si marchaba a Islay Arequipa y Puno, las zonas rebeldes ¿Cómo dejaría el mando den la capital? Recordemos que recién había llegado al Perú y no tenía confianza en muchos de los encargados. Optó por dejar el mando a una persona de su entera confianza y de sangre noble, su esposa, ella cumplía los requisitos indispensables para sentarse en el sillón de Palacio de Gobierno.

Fue así que a pesar de todas los cuchicheos y críticas de la cuidad limeña, el conde de Lemos recurrió a una Cédula real para dejar como virreina de Lima a Ana Francisca, La virreina del Perú.

Fue así que en 1668 por primera y única vez (hasta donde se sabe), Ana Francisca Hermenegilda de Borja Centelles Doria y Colonna, condesa de Lemos. Se convierte en la virreina del Perú, más tarde la historia le concedería el cargo de virreina gobernadora.

Con esa confianza y ya con todo el poder en sus manos, el conde de Lemos zarpa el 7 de junio de 1668 del puerto del Callao hacia costas arequipeñas y ahí castigar a los rebeldes. Lo que se puede rescatar es lo escrito por el historiador Manuel de Mendiburu, cuando en su libro, ‘Diccionario Histórico-Biográfico del Perú’, señala. “Al emprender su viaje a Arequipa y Puno el Conde de Lemos, encomendó el gobierno del reino a Doña Ana, su mujer, quien lo ejerció durante su ausencia, resolviendo todos los asuntos, sin que nadie hiciese la menor observación, principiando por la Audiencia, que reconocía su autoridad…”.

Durante el mandato de 5 meses de  Ana Francisca, condesa de Lemos, las cosas no le fueron muy fáciles, ya que tuvo que enfrentarse militarmente al pirata Henry Morgan, que saqueó el puerto de Portobelo, en Panamá.

Además, Ana Francisca reforzó el puerto del Callao, para prevenir una futura invasión por parte de los piratas, corsarios y otras potencias extranjeras. También trabajó y movió sus influencias para que santa Rosa de Lima se beatificada. También acabó con el contrabando francés, ya que eso reducía los ingresos tributarios a la ciudad de Lima.

Ana Francisca, se dio cuenta que también habían ingresado piratas por los puertos de Chile, y de inmediato formó un consejo de guerra. Afortunadamente nada pasó y la ‘supuesta invasión’ por parte de los piratas nunca se dio.  Del mismo modo fue una de las primeras líderes en querer que el comercio ambulatorio de Liam sea ordenado. Para eso le quiso poner un impuesto a los mercaderes y registrarlos, ordenados, sin sufrir el acoso de los soldados y guardias de Lima.

Fuente: CRONICAS

 

peruhoyusa.com

Juan Reyes, Editor

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