LIMA: La salsa pone el control en la prisión
Sat, July 21, 2012 at 10:36 am
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Internos superan rivalidades y participan en talleres de creación. El arte es una buena herramienta de resocialización, aseguran.
¿Cómo puede ayudar la sociedad civil a la reinserción de los internos de los penales? En países como el nuestro, el tema penitenciario es tan complejo y muestra tantas aristas que un ciudadano de a píe podría pensar que cualquier intento por ayudar a un recluso caería en saco roto.
Sin embargo, todos pueden ayudar. No importa desde qué orilla se haga. Así lo hizo el grupo de salsa Sabor y Control, una banda musical que hace 12 años se juntó como familia sonera y que en la última semana de junio acudió al penal del Callao, el otrora Sarita Colonia, para dictar un taller de música.
Abrazo musical
Julio Galarza y Bruno Macher, percusionista y voz del grupo, respectivamente, ingresaron al recinto algo nerviosos. No por miedo, sino por expectación. Lo que iban a vivir ese día era diferente.
Hace tres años, ellos iniciaron su programa Salsa en la Calle, dirigido a menores de edad, con el fin de prevenir el delito en los barrios. Sus aliados eran los de siempre: letra con contenido y música de la buena.
La iniciativa es interesante, pero ese día, en la prisión, su público era otro. Tras las rejas, había gente de Castilla y Loreto –temidos barrios del Callao–, internos recluidos en pabellones de mínima, mediana y máxima seguridad.
El sol brillaba y el cielo azul sirvió como cortina para lo que se venía. Sus miradas se toparon de pronto con concertinas, rejas y cerrojos. Mallas muy altas formaban un laberinto de pasajes. Los internos los esperaban. Cerca de 100 aficionados sentados en las tribunas de una losa deportiva que fue decorada con globos, dibujos y saludos para Sabor y Control.
Los dos invitados perdieron el aliento al ver en las paredes los iconos musicales más admirados del penal: Héctor Lavoe y el “Zambo” Cavero, enormes graffitis que inspiraban a Ilusión Latina, Son de Mediana y Son Porteño, los tres grupos salseros formados en el penal.
Cálido encuentro
El encuentro fue muy caluroso y emotivo. Hubo abrazos y fuertes apretones de mano, como si la salsa lograra el milagro de convertir a sus adeptos en una familia de hermanos.
Luego, sin programa alguno, la improvisación chalaca hizo el resto. Micrófono en mano, Bruno Macher se confundió entre los grupos anfitriones. La inspiración vino sola y, al son de tumbas, teclados y cajones, el artista dio rienda suelta al taller, al canto y los aplausos.
Fue increíble oír el sentimiento que brotaba en las letras de los internos. Gracias por la visita. Gracias a Bruno. Gracias a Julio, a la salsa, a la vida, a la oportunidad de cambiar sus vidas con la música.
“El penal... el penal...” y “Sa, sa, sa… salsa” fue el corillo que decenas de internos repitieron a voz en cuello, como solo los chalacos lo saben hacer. “Tanto el barrio como la cárcel son espacios donde dar nuestro mensaje”, comentó Macher, a quien esta experiencia le resultó enriquecedora como persona y artista.
El son como plan piloto
Salsa en Penales es un innovador plan piloto del Inpe, al cual puede sumarse la sociedad. Todos tienen la opción de colaborar en la tarea de rehabilitación de internos, gente que perdió la brújula y el ritmo.
Allí, en Sarita Colonia, donde más de 2,500 personas están recluidas “por culpa de una inconsciencia”, la buena salsa es la que mantiene el verdadero control y recobra a los internos.
Por: Rolando Donayre Ríos, editoraperu
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