LIMA. - Geovannie Paola Ortiz Pereyra vive ahora con Francisco Calizaya. Una monja mexicana que llegó al Perú con la firme intención de continuar con su formación religiosa, renunció sorpresivamente a los votos que había tomado y, llevada por una pasión terrenal e irrefrenable, abandonó la congregación peruana que la acogió y se fue a vivir con un peruano a quien conoció sólo días antes. El amor que Geovannie Paola Ortiz Pereyra (28) sintió por Francisco Calizaya Huarinacho (29) fue tan envolvente que no le importó nada. Radicaba como residente en el local de la congregación de Las Canonesas de la Cruz en Miraflores y aprovechó el día que salió de permiso sin imaginarse siquiera que nunca retornaría. La religiosa conoció al publicista en un centro comercial. DESAPARECIDA Su inasistencia al convento, ubicado en la cuarta cuadra de la calle Grau, preocupó a sus superioras. Apenas conoció a Francisco Calizaya Huarinacho (29) fue con él a su vivienda en la cuarta cuadra de la calle Cerro Negro, en la urbanización San Ignacio de Loyola, en Surco, e inició una nueva vida. Los hechos ocurrieron el 3 de setiembre. Un día después, Josefa Martínez Deza, superiora del Reinado del Corazón de Jesús, denunció la desaparición de la joven. Tres días después, Calizaya acudió con una carta poder no legalizada hasta el convento y pidió recoger todas las pertenencias de Geovannie. Horas después, el publicista llegó hasta su vivienda, donde se hallaba la mexicana que se negó a volver a su congregación. Luego de renunciar a sus votos, Ortiz Pereyra permanece en el Perú como ilegal y podría ser deportada a su país en cualquier momento. Tenía visa eclesiástica, documento que tiene valor legal en el país sólo cuando su propietario cumple con su formación moral y espiritual.


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