
Washington - En un explícito reconocimiento de las dificultades que afronta su gobierno para hacer realidad “la agenda del cambio”, el presidente Barack Obama aceptó que Estados Unidos, más que un déficit económico, enfrenta un “profundo déficit de confianza” por la forma en que la clase política y los poderosos intereses creados han seguido operando de espaldas a las demandas de la mayoría.
“Enfrentamos un déficit de confianza; con profundas y corrosivas dudas sobre la forma en que opera Washington y que ha ido a más en el curso de los últimos años”, dijo Obama en su mensaje sobre el Estado de la Unión que aprovechó para arremeter directamente contra los grupos de interés y sus cabilderos en el Capitolio y que se han convertido en el principal obstáculo a sus iniciativas de reforma en materia sanitaria, financiera y medioambiental.
“Tenemos que poner un alto a la labor de los cabilderos y hacer nuestro trabajo para darle a nuestros ciudadanos el gobierno que se merecen”, dijo Obama en alusión a la constante embestida de las grandes corporaciones para tratar de obstaculizar iniciativas como la reforma sanitaria —la más importante de su mandato—, que hoy está en punto muerto.
Admite devastación económica.
Obama reconoció que aunque su gobierno ha conseguido evitar un colapso y que el crecimiento de la economía ya es evidente, “los signos de la devastación aún siguen ahí” con un índice de desempleo no visto en los últimos 26 años.
Obama dijo que la misión de recuperar los más de 7 millones de empleos que se han perdido desde el inicio de la crisis será una de sus prioridades.
La batalla contra el desempleo, una “epidemia” que hoy está en relación directa con unos índices de popularidad que ayer mismo le ubicaban entre 47% y 48% —según las encuestas de Gallup y Rasmussen, respectivamente—, le obligaron a confirmar lo que ya habían adelantado su asesores con el fin de contener un déficit público, de los peores desde la Segunda Guerra Mundial, que ha comenzado a ahuyentar el respaldo de los electores.
“Hoy, al igual que las familias que se están apretando el cinturón, el gobierno hará lo mismo” con un plan de contención del gasto público que arrancará en el 2011 y que “congelará el gasto gubernamental” con el fin de abatir el déficit público que este año alcanzará los 1.35 billones de dólares, dijo Obama.
En medio de una sesión en la que fue interrumpido continuamente por los aplausos de sus correligionarios demócratas —ante la impasible mirada de los republicanos—, el presidente dijo a los estadounidenses que “no pienso darles la espalda”. “Yo no soy de los que claudican o abandonan”, dijo el presidente al adelantar así que no piensa tirar la toalla en la difícil batalla por recuperar las fuentes de trabajo o por hacer realidad una reforma sanitaria.
El presidente enfatizó que la agenda del cambio incluye “arreglar el fallido sistema migratorio” —que sacaría de las sombras a más de 12 millones de indocumentados—, poner fin a la guerra en Irak y eliminar la amenaza terrorista de Al-Qaeda, entre otras prioridades. También prometió trabajar con el Congreso y el Ejército para acabar con la ley que niega a los homosexuales el derecho de servir “al país que aman por ser quienes son”.
Recorte es insuficiente: republicanos
El mensaje de Obama fue respondido por el gobernador republicano de Virginia, Bob McDonnell, quien consideró que la propuesta de congelar el gasto público anunciada por el presidente, “aunque loable, será insuficiente”.
Advirtió además contra la tentación de “expandir el poder del gobierno”, un latiguillo que ha redituado importantes apoyos a los republicanos.