Segunda destrucción de Pisco
Fri, August 24, 2007 at 5:19 pm
Por unos días hemos sido un país mejor del que pensábamos. El desfile solidario de personas de todos los niveles sociales, de empresas, de religiones y hasta de partidos políticos dio la sensación de que el Perú existe y es algo más que un conjunto de habitantes que pueblan casi por casualidad un territorio común. Fue un acto de reconocimiento mutuo, de afirmación nacional. Se fundó allí un tipo de vínculo que ojalá pudiera perdurar de otras maneras en el tiempo.
El traslado inmediato del presidente García y del gobierno al lugar del desastre fue la mejor decisión que se pudo haber tomado. Llevó el poder máximo posible del Estado Peruano al lugar de los hechos, para hacer todo lo que se pudiera hacer en esas circunstancias. Por eso, lejos de criticar por criticar, debe felicitarse al presidente e instarlo a que continúe gobernando desde el campo, más allá de la emergencia.
Pero la respuesta que fuimos capaces de dar no compensa, por supuesto, los daños causados por la imprevisión. No es la primera vez que Pisco es devastado por un terremoto ni la primera que será reubicado y reconstruido. Mi hermano Miguel me cuenta que en 1687 un maremoto barrió el puerto de Pisco y la población sobreviviente fue reasentada lejos del mar, fundándose el pueblo de San Clemente de Mancera de Pisco, que ahora se ha desplomado. Mancera había sido un virrey que alrededor de 1640 había fortificado el puerto contra los piratas (ver "Diccionario geográfico de las Indias Occidentales", de Antonio de Salcedo, Madrid 1789).
El siglo XVII está muy lejano, se dirá. Nadie se acuerda. Pero los terremotos han sido constantes en la costa peruana. El de 1746 destruyó Lima y provocó un tsunami que llegó hasta la iglesia de Carmen de la Legua. Según el Instituto Geofísico del Perú, este siglo hemos tenido por lo menos 15 sismos superiores a 7 grados.
¿Cómo es posible, entonces, que no hayamos aprendido a construir como se debe o a reforzar las viviendas ya construidas, y a estar preparados para una emergencia? La razón es sencilla, obvia en realidad. El Perú ha vivido la mayor parte de su historia republicana a salto de mata, en terremotos políticos constantes, con pocos períodos de estabilidad económica y política que le permitieran construir institucionalidad estatal y capacidad de previsión.
Es posible, sin embargo, que estemos en trance de modificar ese destino. El país inició una nueva era de crecimiento y estabilidad a partir de los 90 que, con el bache de los años 98-01, lleva ya unos 15 años. Están dadas las condiciones para dejar atrás el "Estado empírico", tal como lo llamaba Basadre. De hecho, hay recursos para atender la emergencia y la reconstrucción. Y también debería haberlos para empezar a proyectar más allá de la coyuntura inmediata. Por eso, el espíritu que hemos visto estos días quizá sea el preludio de una nueva actitud general. Así sea.
El Estado Peruano no ha sido previsor porque él mismo ha estado sometido permanentemente a terremotos políticos. Eso se estaría acabando.
Por: Jaime de Althaus Guarderas
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