La mayoría de hijos de migrantes provincianos han dejado atrás su identificación con los animales mansos y su preferencia por los animales poderosos ha crecido Por Richard Webb Cuando nadie lo esperaba, aparecieron los tigres asiáticos, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia, Malasia e Indonesia. Después de la Segunda Guerra Mundial, eran países sumidos en la pobreza y mal gobierno y nadie daba dos centavos por ellos. El Banco Mundial, por ejemplo, rechazó, en 1960, prestarle dinero a Corea del Sur, por tratarse de un país "desorganizado, corrupto y sin posibilidades". Sin embargo, casi de un día para otro, Corea del Sur y sus vecinos asiáticos empezaron a surgir económicamente a una velocidad extraordinaria, ganándose el apodo de tigres, por su agresividad empresarial y éxito exportador. En 1976, el gran economista Paul Samuelson dijo: "No se ha descubierto la explicación de por qué los países pobres son pobres y los ricos, ricos". Las teorías abundan: para algunos la riqueza resulta de invertir a todo dar; para otros son las leyes y las instituciones, como las que protegen la propiedad privada. En el siglo XIX el sociólogo Max Weber atribuyó el éxito de ciertas regiones de Europa a su cultura, en particular a la religión protestante. Un siglo más tarde, la explicación de Weber se aplicaba a las religiones espiritualistas y resignadas de los países asiáticos, supuestamente cerrados al empuje materialista. Incluso el filósofo y revolucionario chino Sun Yat-Sen atribuía el atraso de su país a las enseñanzas de Confucio. Los economistas preferían teorías más matemáticas, pero las evidencias a favor del factor humano han venido creciendo. Cuando se preguntó al economista principal del éxito económico coreano, Mahn Je-Kim, cuál era su explicación de semejante fenómeno, dijo: "Fue la disciplina de Confucio", contradiciendo así a Sun Yat-Sen. Y en cuanto al retraso económico de América Latina, una de las teorías más citadas es la de la cultura heredada. ¿Cómo, entonces, explicar el reciente dinamismo peruano? ¿Será un cambio cultural? Hoy pongo a consideración del lector un intrigante dato valorativo obtenido en una investigación del Instituto del Perú de la USMP. El estudio reeditó una encuesta efectuada en 1962 por el sociólogo William Whyte, por entonces presidente de la Asociación de Sociólogos de EE.UU., y aplicada a un grupo de escolares, algunos de colegios de élite y otros de colegios nacionales. A una de las preguntas: "¿Ccuál de los siguientes animales preferiría usted ser?" en 1962 las respuestas de los escolares mostraban una fuerte diferencia de preferencias entre las dos clases sociales. Un 64% de los escolares élite preferían ser un animal poderoso, como el león, el tigre, el zorro o el potro salvaje. Por contraste, en los colegios estatales apenas 34% expresaron preferencia por esos animales, optando más bien por el perro, la oveja y la hormiga. La situación ha cambiado radicalmente en el 2007, como se aprecia en el cuadro adjunto. La preferencia de la clase alta por los animales que representan el poder no ha variado, pero hoy los alumnos de los colegios nacionales, la mayoría hijos de migrantes provincianos, han dejado atrás su identificación con los animales mansos y pasivos como el perro, la oveja y la hormiga y su preferencia por los animales poderosos ha crecido hasta igualar --en 63%-- a la de los alumnos elite. ¿Será que detrás de Gamarra, Megaplaza y del dinamismo general de la microempresa se ha producido un importante cambio cultural? ¿Nos estaremos volviendo una nación de tigres?


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